Caminando fui lo que fui

Publicado el 11 - 12 - 2015

Para estos días nada como la necedad de Silvio Rodríguez

 

   En tiempos de cambio, a veces, se confunde todo. Y las personas también se confunden. Confunden sus sueños, sus ideales, se confunden en el motivo de su lucha. Así hay quienes han defeccionado a las más puras aspiraciones, hay quienes han cambiado el barro por el oro, quienes han vendido su alma por treinta denarios y quienes han obtenido Banelcos y sobres olvidándose del futuro de su propio país.

  Pero también hay quienes no modificaron su rumbo a pesar de persecuciones y detenciones, quienes continuaron diciendo lo mismo a pesar de censuras y exilios, quienes teniendo la posibilidad de ser propietarios de islas, mansiones y montañas de dinero siguieron pensando lo que pensaban y diciendo lo que decían. A muchos les costó la vida y a muchos otros les costó pobreza. ¿Cuántos murieron en la soledad y la miseria por no defeccionar en su visión de la libertad, la igualdad y la independencia? ¿Cuántos no volvieron nunca más? ¿Cuántos fueron ocultados y "maquiavelizados" por la historia cruel de los de siempre?

   Estamos hablando de la necedad de una idea, de un sentimiento. De esa necedad necesaria para mantener la mirada altiva mientras se defiende y se lucha por lo que se siente, mientras el mundo parece mirar con saña y acusación. No abundan estos casos.

   Silvio Rodríguez es de esos tipos. De los que no abundan. Y hay una canción que habla precisamente de eso, de las promesas y de la seducción de los poderosos para comprar silencio y sumisión. La canción se llama “El Necio”.

   Silvio es un cantante cubano. En realidad no es cantante, es un poeta con una guitarra. No es este un intento de hacer su biografía, solo decir que a Silvio hay que escucharlo dos veces, primero con el corazón y luego con la mente. Nunca se entiende su prosa en el primer intento pero llega directamente a lo más hondo de nuestro ser. Conmueve. Luego, para entenderlo hay que pensar, un poco nomás, pero hay que pensar. Quizá las emociones que vivió Silvio en su vida sean las de un tipo normal y es por eso que lo que dice nos llega, que nos interpela, que provoca en nuestro cerebro que una frase se convierta en imagen vivida. Silvio no es un cantante de política, ni un cantante del amor, es un tipo que tiene una política del amor y la siente y la escribe y la canta. Eso es Silvio.

   En este pequeño homenaje no pondremos esas canciones tan “piel de gallina” que tiene: Ojala, La Maza, Tu Fantasma o un largo etc. Aunque recomendamos que las escuchen. Sino que compartiremos una canción que guarda estrecha relación con el momento de un militante cualquiera en un país cualquiera con un gobierno cualquiera.

   Esta canción, que se llama “El Necio”, es para quienes han militado mucho y sienten que han perdido todo. Para los que lloran. Para los que sienten la tentación de dejarlo todo, del “no vale la pena”. Nunca más equivocados.

   Los valores, la lucha, los ideales, los sueños, la esperanza son imposibles de abandonar porque no hay nada más digno que decir, como dice Silvio, “yo me muero como viví”.

 

Letra “El Necio”

Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.
Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
me vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá dios, que será divino.
Yo me muero como viví,
yo me muero como viví.

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un "hijo nuestro".
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).
Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá dios, que será divino.
Yo me muero como viví,
yo me muero como viví.

Yo me muero como viví, como viví.
Yo me muero como viví.
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá dios, que será divino.
Yo me muero como viví.
Yo me muero como viví.