El juego

Publicado el 13 - 10 - 2015

¿Cómo son las reglas que manejan los poderes mediáticos? ¿Quiénes juegan? ¿Quiénes ganan y quiénes mueren?

 

   Juguemos un juego. El juego del más fuerte contra el más débil. El juego del que habla contra el que no tiene voz. El juego de la no-verdad frente a la realidad. En definitiva, juguemos el juego de los medios de comunicación.

   Nosotros, latinoamericanos, no somos los únicos que hemos perdido. Han perdido los mudos, los tapados, los del fondo, lo que gritan en silencio. Han perdido ellos con su voz que no vende, con sus verdades que no sirven. Han perdido sin querer jugar.

   Poblaciones por miles caminan en un éxodo no bíblico, hacia lugares donde nunca llegan, hacia no-lugares, al mismo tiempo una reportera europea patea a un caminante, lo hace caer, estrepitosamente, con su hijo en brazos, la humanidad se retuerce y desaparece. Francia bombardea con aviones territorio sirio y en la Cité Universitaire de París dan un concierto de música clásica en apoyo a los refugiados, las joyas que mantienen a esta institución privada aplauden, se chocan en un estruendo metálico de oro contra oro; al final se anuncia que la Ciudad Universitaria de París que contiene 16.000 estudiantes de todo el mundo (que pagan cada uno alrededor de 500 dólares por mes por una habitación con cama) recibe a 14 estudiantes sirios. ¡A 14! La humanidad es un éxodo errante, es expulsada de donde haya humanos. La hipocresía se viste de gala y detrás, en las cocinas y baños la mierda se mezcla con la comida. Los pocos que comen sonríen.

  Pero sigamos en el juego, que el que no juega empieza perdiendo.

  Aquí, en occidente, hemos escrito el reglamento y además las caras de nuestros dados siempre tienen el número más alto. Avanzamos de a saltos en el casillero de la vida, frenéticamente, todos juegan para nosotros y nosotros solo avanzamos. Los demás jugadores, aún en el punto de partida, esperan por los dados, por su tirada. Les damos otros, unos especiales les decimos, avanzan de casillero en casillero. El juego de poder y azar es así. ¿Cómo que se quejan? ¿Intentan hablar, tener voz propia? ¡Porque no te callas! Has tirado y sacaste el valor más bajo, avanzas de a uno. Déjame coger mis dados… ¡6! Avanzo a saltos y en tu territorio. Desde mi trono y con mi voz que sí se escucha te grito: ¡porque no te callas!

  Durante el juego que solo nosotros queremos jugar no todo es arbitrario, hay jueces que nos explican las reglas, que nos van mostrando el tablero de partida, nos van susurrando donde debemos mirar y donde no. El picoteo es constante y terminan convenciéndonos. Y esos jueces están organizados entre sí, se ponen de acuerdo en reuniones secretas y luego vociferan cada uno con su voz, como si fuesen palabras no estudiadas, vociferan y gritan y acallan y expresan y son libres por la ley primera de decir lo que quieran en el momento que quieran, de utilizar conjugaciones verbales potenciales que los salvan de juicios (aquel jugador estaría haciendo trampa….aquel otro habría sobornado a un juez), y luego todos sabemos que esas voces nos han mentido, que ese “haciendo” y ese “habría” eran excusas para imponer palabras mucha más pesadas, que quedaron grabadas a fuego entre quienes jugamos…trampa y soborno, nada del mundo real. Palabras lanzadas como potencia de fuego. Y nosotros compramos y matamos por ese potencial.

  Y el juego que sufrimos nosotros, aun estando en occidente, se universaliza. Es efectivo y barato, llena, consume tiempo, compra voluntades. El juego se vuelve una estrategia para que occidente imponga sus reglas. El juego es una forma política, es la continuación de la política y la guerra por otros medios diría un neo-clausewitzciano. El juego es el juego mismo. Se juega por y para el juego. Los medios de comunicación lo saben y son el juego, son jugadores que rompen reglas pero a la vez son jueces. Siempre escapan por ad-hocs del reglamento. Tienen organizaciones regionales e internacionales de jueces, y todos piensan igual, sin embargo, hacia abajo, vociferan sobre la pluralidad de voces. Un medio concentra toda la pluralidad de voces, esa es la libertad que proponen. Que una persona pueda comprar un diario de 2, 6 u 8 pesos que dicen lo mismo, que crucifican al mismo Jesús con carnavalescas diferencias, diferente color de la cruz, diferente dolor en las manos y los pies, pero el Jesús sigue siendo el mismo.

  Y cuando un jugador se envalentona, cuando nota la trampa, cuando quiere salirse, cuando piensa y habla, ahí están ellos. Para castigarle por mala conducta, antideportiva o antimoral, da lo mismo porque en realidad no importa.

  El que piensa diferente va al banco de suplentes siempre, es un jugador a la espera de la nada, de su muerte. En el juego, también, ponen palabras en tu boca, te llaman, te hablan y terminan con un megáfono diciendo que dijiste lo que ellos querían que dijeras mientras vos decías otra cosa a la que ellos te decían que dijeras. Es confusión. Pura farsa. Ellos tienen libreto y ganan.

  Pero a veces, solo a veces, hay partidas geniales. El último jugador, avanza de diez en diez, de mil en mil, es imparable, tira dos veces, elige el arco al cual patear, suma jugadores de su lado. Y se hace carne. Y su voz es la palabra que muchos quisieron y quieren decir. A ese jugador hay que defenderlo. Ponemos dos ejemplos de estos jugadores.

  En el primer video verán a dos presentadores de la CNN (dejemos de lado la reflexión sobre el esfuerzo visual de la CNN para demostrar pluralidad poniendo un presentador negro y una presentadora blanca). Esos dos presentadores intentan hacer decir a Reza Aslan, un académico especialista en estudios religiosos, que el Islam promueve la violencia, y que todos los países árabes son iguales en su trato hacia la mujer. Veamos como desarma ese argumento (esa zoncera diría el fantasma de Jauretche).

  En el segundo video (que es realidad son varios links a varios videos) vemos al presidente de Ecuador, Rafael Correa, jugando el juego magistralmente. Sin levantar la voz, sin enojarse, sin insultar, sin salirse del casillero, avanza de cien en cien, dejando en ridículo a entrevistadores y periodistas, curiosamente, también de la CNN (¿qué tendrán estos tipos no?).

https://www.youtube.com/embed/TBrl5BiW0p0

https://www.youtube.com/embed/tIl492-RaJk

https://www.youtube.com/embed/yTWUc-2rKJc