Sobre el Padre Pepe

Publicado el 22 - 02 - 2016

Villa La Cárcova, el nuevo hogar del padre Pepe

Compartimos la bella experiencia del Padre Pepe.

Tras dos años en Santiago del Estero, dio la primera misa en una de los asentamientos más pobres del conurbano bonaerense; su prioridad, los jóvenes.

"Queremos este lugar lleno de chicos para que el día de mañana un joven de la villa pueda decir que esta capilla lo ayudó a crecer porque acá le enseñaron a amar a su familia, a andar por el camino de Dios y un oficio...", dijo el padre José María "Pepe" Di Paola, en su primera misa en la villa La Cárcova, en el municipio de San Martín, donde vive desde hace muy pocos días.

Después de casi dos años de misión pastoral en Santiago del Estero, el padre Pepe , como todos lo llaman, volvió a uno de los ámbitos que mejor conoce: la mezcla de pobreza y marginalidad. Durante 13 años fue párroco de la villa 21-24 y Zavaleta, en Barracas, de donde debió irse tras ser amenazado de muerte por su trabajo en la prevención del consumo de drogas.

El primer viernes de marzo se instaló en La Cárcova, un lugar donde podrá vivir lo que considera su "misión dentro de la Iglesia": llevar el anuncio cristiano a los niños y jóvenes más pobres entre los pobres.

Se hizo cargo de la capilla Nuestra Señora del Milagro, una de las dos que atenderá en José León Suárez. La otra es San Francisco Solano, que abarca Ciudad de Dios, 13 de Julio e Independencia, tres villas ubicadas también a orillas del río Reconquista, segundo entre los más contaminados del país. En esas cuatro barriadas se estima que viven más de 20.000 personas.

"En la Iglesia estamos atentos antes que nada a las necesidades de atención pastoral . Hablé con el obispo de San Martín y vimos que había una necesidad mayor en José León Suárez", explicó a LA NACION Di Paola, el cambio de su destino pastoral, ya que en diciembre pasado había anunciado que viviría en Villa Fiorito, Lomas de Zamora.

"Tenemos una enorme esperanza en torno del Camino del Buen Ayre", afirmó, por su parte, monseñor Guillermo Rodríguez Melgarejo, obispo de San Martín. Y se refirió a un estudio sobre 2006 de la Universidad General Sarmiento, que advierte que el municipio de San Martín albergaba el mayor número de villas (57) y asentamientos (91) del país.

"En los últimos diez o quince años se multiplicó por cinco esa cantidad y también la de su población, que ahora calculamos en unas 80.000 personas", comentó a LA NACION el intendente de ese partido, Gabriel Katopodis, que asistió a la misa del padre Pepe.

"[Este barrio] no puede quedar estigmatizado por la droga porque hay muchas iniciativas y esfuerzos de la gente por construir su identidad", dijo el intendente kirchnerista, al admitir que La Cárcova es una de las villas más antiguas.

Levantada sobre basurales, esa villa toma el nombre de una de las calles que marcan su límite y responde al apellido del pintor argentino -Ernesto de la Cárcova- cuya obra más conocida, paradójicamente, es Sin pan y sin trabajo, un óleo que muestra la impotencia de una familia pobre. Pintada hace más de un siglo y medio, es una de las más valiosas del patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes, y parece una fotografía actual de la situación de esas barriadas.

"Cuando supimos que venía el padre Pepe, nos dio un poco de miedo porque sabíamos de las amenazas", contó uno de los vecinos de La Cárcova que participaron de la misa. "Pero cuando lo conocimos nos fue dando confianza. Vimos que tiene claro el objetivo: amar al otro tal cual es", dijo, y contó que el padre Pepe estuvo visitando el barrio durante las últimas tres semanas.

"Cuando uno camina por acá se da cuenta de que en La Cárcova hay fe. Te encontrás con un montón de imágenes del gaucho Antonio Gil; te encontrás con gente que te pide una bendición. Es decir, hay muchos signos que tienen que ver con la fe que les transmitieron sus padres y abuelos", dijo Di Paola en su primer sermón.

Anunció que en los próximos días comenzarán desde la capilla una misión casa por casa. Invitarán a los católicos que encontraron en alguna iglesia evangélica a un lugar para rezar y compartir, a volver a su casa, de forma que toda La Cárcova "participe plenamente de la fe en Jesús y del amor a la Virgen".

No se descarta que en la zona repita la experiencia del Hogar de Cristo, un programa de inclusión y acompañamiento integral de consumidores de paco que fundó en 2008 en Barracas. Ya empezó a conversar sobre este tema con distintas organizaciones. "Buscamos que los chicos que quieran recuperarse, tengan a mano una posibilidad para hacerlo", argumentó el sacerdote

Casi al final de su misión en Santiago del Estero, el padre Pepe fue invitado a integrar la Comisión Nacional sobre Drogadependencia de la Conferencia Episcopal Argentina. Desde allí aportará su experiencia en el Hogar de Cristo, que, a cargo de la Vicaría para las Villas de Emergencia del Arzobispado de Buenos Aires, se desarrolla en las villas de Barracas, Retiro y Bajo Flores.

(Fuente: LA NACION | Autor: Silvina Premat)

 

 

El Padre Pepe, un corazón valiente - Acciones en Hogar de Cristo (Barracas)

El Padre ‘Pepe’ Di Paola está al frente del Hogar de Cristo, un programa de recuperación de la adicción a las drogas de la Parroquia Virgen de Caacupé del barrio porteño de Barracas. Desde hace años trabaja  sin tregua para acompañar y aportar a la vida de los más necesitados. Su lucha le costó una amenaza de muerte que lo obligó a auto exiliarse en el interior del país durante dos años.

El cura José María Di Paola dialoga con el cielo pero no saca los pies del barro. No huele a perfume francés como algunos jerarcas de la iglesia. Es un pastor con olor a ovejas”, escribió el periodista Alfredo Leuco. Y hay mucho de cierto en eso de que este sacerdote que ofrenda su vida a los más marginados –con especial dedicación para aquellos afectados por la adicción a las drogas, y al paco-, responde a una vocación genuina y solidaria.: “Yo elijo trabajar por ellos, desde la dignidad”, define el Padre ‘Pepe’. Y con todo lo que hace, casi no hace falta que lo confirme; está a la vista su compromiso con los carenciados.
Es muy joven, el padre, pero tiene años de experiencia en esto de caminar junto a quienes más lo necesitan.  Estuvo 13 años a cargo de la villa 21 –es uno de los denominados por la prensa “curas villeros”, por las zonas en que concretan su trabajo- y demostró que era capaz de entregarse a una misión, la que él considera su responsabilidad de vida: promover la trama de la solidaridad y la evangelización, de la contención y el afecto, del diálogo y el acompañamiento, entre los jóvenes  que han quedado por fuera del sistema.


El compromiso que asumió, no fue gratuito. A fines del 2010, cuando él y otros sacerdotes difundieron un documento para denunciar que los narcotraficantes estaban inundando las villas con el “paco” (sustancia mortal hecha con los desechos del proceso para fabricar cocaína), los narcos lo amenazaron de muerte. Le hicieron saber que había una bala lista para él, y lo obligaron a partir en busca de mayor seguridad; así fue que el Padre ‘Pepe’ recaló en el Norte del país, con la bendición del hoy Papa Francisco I –entonces cardenal Bergoglio- que lo bendijo en sus funciones. El nuevo Papa no sólo es su referente máximo sino su "amigo" y su "padre espiritual". Bergoglio presidió la ceremonia de despedida en honor a Di Paola, cuando éste debió partir rumbo al norte.
El exilio forzado, como cura de provincias en Campo Gallo, Santiago del Estero, duró poco más de dos años. Tras su vuelta –en diciembre del 2012-  retomaría sus funciones en la Capilla de Nuestra Señora del Milagro, en Villa La Cárcova, Municipio de San Martín. Desde allí asiste junto a sus colaboradores a los 18 mil habitantes, 57 villas, 91 asentamientos-, en una zona ubicada a orillas del Río Reconquista. Dirige un centro de rehabilitación barrial, el Hogar de Cristo, y pelea por la inclusión de los adictos recuperados.
"Mi idea es prolongar el Hogar de Cristo en barrios donde no se conoce esta esperanza que sí tienen los chicos de las villas donde está hasta ahora", dijo a la prensa recientemente. “El objetivo de nuestro centro de recuperación es hacer un trabajo persona-persona, seguimos cada caso, acompañamos a los chicos en ese proceso de cura, les damos contención espiritual. El tema del paco se resuelve en la proximidad con la gente.”