La pasional razón del fútbol (entretiempo)

Publicado el 02 - 07 - 2015

Refresquémonos con las lágrimas de Caetano Veloso antes de comenzar con el segundo tiempo.

Les dejamos un poco de música, de esa que emociona, mientras disfrutan las palabras del artista brasilero.

Hace pocos días en su propia cuenta de Facebook, el músico brasilero Caetano Veloso, publicó sus sensaciones al asistir al partido entre Argentina y Bosnia. (Los errores ortográficos son producto de que él mismo tradujo su nota de portugués al español)

"Fui con mi hijo menor ver Argentina versus Bosnia en el Maracanã. Fuimos en metro. La estación General Osório estava llena. Me gustó ver tantos argentinos en las plataformas. Muchas camisas celeste-y-blanco en los vagones (mi hijo, admirador del futebol porteño desde niño - cuando era fan de Riquelme - y devoto de Messi, vestia la camisa alternativa de la selección argentina) pero fueron los mexicanos que hicieron más ruído adentro del tren, gritando "México, México" y girando una matraca ensordecedora. Me encantó ir viendo las estaciones que seguían : General Osório, Cantagalo, Siqueira Campos, Cardeal Arco Verde, Botafogo, Glória, Cinelândia, Carioca, Uruguaiana, Presidente Vargas, todo me trajo a la mente las zonas de la ciudad arriba. No sé si en Uruguaiana o en la Central (quizás antes), tuvimos que cambiar de línea, pasando de la que va a Uruguai para la que va a Pavuna. En la espera del tren en el que íbamos seguir, vimos un trailer de lo que la multitud argentina haría en el Maracanã: grupos enormes de tipos en azul y blanco empezando cánticos juguetónes-bélicos con la voz más cercana a de coro de ópera de las hinchadas italianas que a los gruñidos bárbaros de los ingleses. En la estación Maracanã, un largo río de ese coral dominaba el pasadizo. En los graderíos, escuchábamos con emoción los estribillos. Esperávamos alguna hincha brasileña contra la Argentina. Pero los gritos de "Olê olê olê olá, Bosnia, Bosnia" solo crecieron cuando el equipo argentino pareció bastante menos energético que la hinchada - y los bosnios amenazaron dominar. El gol de Bosnia dio coraje al narcisismo de pequeñas diferencias que alimenta la rivalidad entre argentinos y brasileños. Los hinchas argentinos habían ocupado el Maracanã desde la entrada de su equipo. El gol en contra (será una regla de ese Mundial?) silenció los poquísimos hinchas bosnios y los muchos brasileños apoyaban a ellos. Mi hijo profetizó que Ibisevic traria fuerza a Bosnia. Y su gol excitó la hincha anti-ríoplatense. El Maracanã lleno de argentinos hinchando era bello. Sentí la fuerza del sentimiento de nacionalidad como una cosa que encuentra en el fútbol un canal de expresión sin vergüenza. Mis ojos se llenaron de lagrimas. La rivalidad Brasil-Argentina me hacía sonreír. Por tres veces surgió eco de princípios de pelea en alguna parte: los asientos sonaban con las personas parándose subitamente para mirar (y posiblemente defenderse). Pero nada creció. Unos brasileños a frente nuestra, que ululaban los argentinos y glorificaban Bosnia, revelabanse al sustituir la frase "soy argentino", en una canción, por "soy vascaíno" - y por deciren, al ver que un peleador expulso allá en al alto vestia una camisa rojo y negra, "tenía que ser flamenguista". El hecho es que, cuando los hinchas brasileños en mayoría decidieron responder al "Olé Olé Messi" con un "Olé Olá Neymar", Messi, que parecia inactivo, hizo uno de esos gols precisos y sorprendentes que sólo él puede hacer. Él pareció instigado. Fue un diálogo Brasil-Argentina de gran profundidad. El el todo, para mí, fue una experiencia exaltante y, de alguna manera secreta, animadora. Hay Copa, el metro anda, mucha gente que ni sabe donde queda Bosnia gritó el nombre de ese país, u nuestra íntima Argentina llegó a brillar en una chispa, sin que hubiera tiempo y ritmo para que hostilidades brutas aflorasen. Estábamos lejos de puteos dirigidos a Dilma en el Itaquerão. Eses, no se pueden perdonar."