El “Mordisquito” del año 2015

Publicado el 14 - 12 - 2015

Enorme actualidad del pensamiento de Discépolo

   En 1951 Enrique Santos Discépolo concurre a un programa radial para hablar de política y de los logros del peronismo. Cuando llega y ve el libreto cae en la cuenta que su intervención será solo propaganda política previa al período electoral a favor del peronismo, movimiento al cual él mismo adhería. También da cuenta que eso no servía para nada, que no convencía ni a los que estaban ya convencidos, mucho menos a los que había que convencer. Por eso crea "Mordisquito”, un sujeto imaginario que es muchos sujetos. En Mordisquito se concentran todas las ideas, todos los postulados, todas las zonceras que, en palabras de Discépolo, eran parte del “gorila porteño y antiperonista” de la época.

   No es el objetivo de esta nota sacar a la luz el contexto político de 1951, solo aclarar algunas cuestiones de la época porque las palabras de Discépolo a Mordisquito, expuestas hace ya más de 50 años, pueden hoy ilustrar casi completamente nuestra situación política.

   Su ocurrencia, su visión del mundo y de la realidad política lo lleva a exponer en la radio breves textos hablándole a ese Mordisquito. Y una de esas intervenciones es la que deseamos compartir ya que posee una enorme actualidad.

   Discépolo más que compositor o músico fue un gran lector del futuro, cuya sensibilidad le permitió decir cosas que en pleno año 2015 tiene una inmensa actualidad. Solo para poner un ejemplo: “Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil. ¡Dale nomás, dale que va, que allá en el horno nos vamo a encontrar! ¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley”.

  A continuación el texto de una intervención radial de Discépolo, imperdible por su actualidad y por su visión de la realidad argentina:

"Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.

¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra?

Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán! Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta. ¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivir sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay té de Ceilán. 

Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero…,no hay té de Ceilán!

Para entrar en un movimiento de recuperación como este al que estamos asistiendo, han tenido que cambiar de sitio muchas cosas y muchas ideas; algunas, monumentales; otras, llenas de amor o de ingenio; ¡todas asombrosas! El país empezó a caminar de otra manera, sin que lo metieran en el andador o lo llevasen atado de una cuerda; el país se estructuró durante la marcha misma; ¡el país remueve sus cimientos y rehace su historia! 

Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez, y vos no decías ni medio; vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien; ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí; pero tenés razón: ¡no hay queso!

Hay miles de escuelas nuevas, hogares de tránsito, millones y millones para comprar la sonrisa de los pobres; sí, pero, claro, ¡no hay queso! Tenés el aeropuerto, pero no tenés queso. 

Sería un problema para que se preocupase la vaca y no vos, pero te preocupás vos. Mirá, la tuya es la preocupación del resentido que no puede perdonarle la patriada a los salvadores. 

Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que resistir y que vencer las más crueles penitencias del extranjero y los más ingratos sabotajes a este momento de lucha y de felicidad. Porque vos estás ganando una guerra. 

Cuando las colas se formaban no para tomar un ómnibus o comprar un pollo o depositar en la caja de ahorro, como ahora, sino para pedir angustiosamente un pedazo de carne en aquella vergonzante olla popular, o un empleo en una agencia de colocaciones que nunca lo daba, entonces vos veías pasar el desfile de los desesperados y no se te movía un pelo, no. Es ahora cuando te parás a mirar el desfile de tus hermanos que se ríen, que están contentos… pero eso no te alegra porque, para que ellos alcanzaran esa felicidad, ¡ha sido necesario que escasease el queso!.

No importa que tu patria haya tenido problemas de gigantes, y que esos problemas los hayan resuelto personas. Vos seguís con el problema chiquito, vos seguís buscándole la hipotenusa al teorema de la cucaracha, ¡vos, el mismo que está preocupado porque no puede tomar té de Ceilán! Y durante toda tu vida tomaste mate!

¿Y a quién se la querás contar? ¿A mí, que tengo esta memoria de elefante? ¡No, a mí no me la vas a contar!”

Enrique Santos Discépolo, 1951