Imagen y conciencia nacional

Publicado el 07 - 08 - 2015

Últimamente han aparecido una serie de notas periodísticas que casualmente tratan el mismo tema desde la misma perspectiva.

    Desde Formarnos siempre hemos abordado el tema del poder simbólico expresado en imágenes, retratos y mapas. Esta nota es ejemplo de cómo operan desde los medios de comunicación para imponer una idea sin decirla, algo que ha venido ocurriendo durante toda nuestra historia.

    La Ley 26.651 de 2010 sanciona el uso obligatorio del mapa bicontinental en todos los niveles y modalidades del sistema educativo argentino.

   Pero ¿por qué modificar el mapa anterior? ¿Por qué enseñar con un nuevo mapa? O mejor dicho ¿Qué nos quiere decir cada mapa, que hay detrás de esa imagen muerta?

   Bueno, en principio hay ideas. Hay formas de entender cuál es la posición estratégica que ocupa la Argentina en el mundo y su proyección sobre territorios que aún están en disputa o cuya discusión sobre su soberanía está congelada. En primer lugar el mapa bicontinental muestra la Antártida Argentina en su real proporción con relación al sector continental e insular. Para ser justos, ese territorio antártico incorporado al mapa se encuentra aún bajo disputa soberana ya que es reclamado por varios Estados por lo que en 1959 se firma el Tratado Antártico que estipula que el territorio será utilizado sólo con fines pacíficos y científicos y que no se reconoce la soberanía del territorio a ningún país aunque sí los reclamos y reivindicaciones. Entonces, en primer lugar, educar con el mapa bicontinental es generar en nuestras generaciones futuras la idea de pertenencia del territorio antártico para su posterior defensa. El mapa anterior colocaba a la Antártida en un recuadro en el margen inferior derecho, perdiendo cualquier connotación de cercanía geográfica y de importancia geoestratégica. En segundo lugar el mapa bicontinental quita la centralidad de Buenos Aires, cambiando el centro de gravedad e interés geoestratégico de nuestro país. No todo pasa por el puerto de Buenos Aires, ahora aparece la inmensidad del mar argentino, la cercanía de las Islas Malvinas y la real dimensión de la Antártida y su proximidad al continente.

   En conclusión, el mapa bicontinental genera desde la imagen un cambio en la conciencia de nuestro país sobre su posición geoestratégica y la importancia sustancial del lugar que nos ha tocado ocupar como guardianes del único paso natural entre el océano Pacífico y el Atlántico.

  Aun así, todavía hay interés en que nuestro pueblo no despierte. Todavía hay fuerzas que operan para mantener a la población en el desconocimiento y la ignorancia de su rol histórico y de su importancia geoestratégica. Ejemplo de ello es la coincidencia que ha ocurrido el pasado 10 de febrero.

  En tres periódicos de tirada nacional, en tres periódicos que, supuestamente, defienden la independencia editorial ha aparecido la misma noticia. Hecho sumamente curioso dado que el tema no reviste un interés nacional coyuntural de suma importancia. Pero la vida tiene estas sorpresas, la casualidad a veces es tan fuerte que uno tiende a sospechar que, quizá y sólo quizá, haya una planificación y un proyecto detrás de semejante casualidad.

  A continuación compartimos las notas aparecidas en Clarín, La Nación e Infobae, el mismo día, sobre el mismo tema: minimizando la importancia del mapa bicontinental en pos de imponer el viejo mapa, ese que nos mostraba al continente blanco lejos….demasiado lejos.

 

 

 

 

   Francisco Cafiero, en cambio, respondió desde una nota de opinión de Infobae sobre la necesidad soberana de enseñar el mapa bicontinental.