Sobre la subordinación cultural

Publicado el 17 - 08 - 2016

Compartimos un artículo sobre emancipación y soberanía cultural

   La siguiente nota fue publicada en Iniciativa Sur y habla sobre la construcción del “relato” imperial, de una concepción de la realidad que nos han impuesto y que hemos adoptado sin someterla a la crítica. Las herramientas utilizadas son múltiples, la política, la economía y la diplomacia, pero también, la cultura, el cine, la televisión, en fin, los instrumentos de penetración cultural anglosajones a los que continuamente estamos sometidos. Ello nos lleva a menospreciar lo propio, nuestras propias formas culturales lesionando, de esta forma, nuestra soberanía nacional.

   Compartimos el artículo completo y un link al capítulo 1 del libro “Los Profetas del Odio y la Yapa” de Arturo Jauretche que habla, precisamente, de la colonización pedagógica.

 

Artículo de Federico Escribal para Iniciativa Sur – 31 de julio de 2016

La mención de la categoría “subordinación cultural” por parte de la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner en su más reciente aparición pública –en el formato de entrevista colectiva– no debiera pasar desapercibida para los sectores que componen el campo nacional, y debiera constituirse como un vector primario para el desarrollo de la reflexión y la praxis política para trabajadores de la cultura y todos aquellos interesados en la cuestión de la conformación de las subjetividades y su impacto directo en la aprehensión de la realidad cotidiana.

Etimológicamente, subordinación es situar algo por debajo de un orden establecido. Dicho orden, social o sagrado, nos es revelado como algo dado, ocultando su condición de construcción social para sugerir su condición de natural. Obra aquí una falacia cultural, instrumento clásico de dominación, desnudada con precisión en la prosecución de la entrevista, cuando se hace explícita mención a la habilidad estadounidense para construir una narrativa – un relato– a través del cine principalmente, que consolida una determinada lectura del mundo alineada con sus intereses, tan cercana a ellos como distante de la realidad efectiva.

Este sistema, sostenido en el tiempo y complejizado a través de libros, videojuegos, canciones y otras formas de penetración cultural, acaba consolidando sofismas histórico-políticos sobre los cuales se elaboran estrategias comunicacionales para generar legitimidad social sobre avanzadas con intereses propios que distan de ser los de las mayorías, como las invasiones por el petróleo en las que bajo pretextos pseudo-republicanos dejan muertos de a cientos de miles y destrucción del patrimonio cultural entre otras tragedias.

La conceptualización por parte de Cristina Fernández de Kirchner de las profundidades de la disputa en el terreno de lo simbólico pareciera ser una categoría surgida “del dolor nacional y no del narcisismo literario”, como diría en su momento Hernández Arregui. La comprensión de la complejidad del entramado que opera cooptando las subjetividades de amplios sectores de la sociedad argentina la lleva a elaborar el concepto de “subordinación cultural”. Estos sectores, insustentables en términos económicos por los preceptos libremercadistas del proyecto neoliberal de la Argentina de hoy, siguen guiados por una ceguera inducida desde la conjunción entre medios de comunicación e industria cultural “amando al opresor y odiando al oprimido” como vaticinó Malcom X.

Este proceso opera como piedra basal de la colonialidad que condena nuestro futuro en potencia. Las fuerzas que componen el Frente Nacional deben concientizarse y concientizar sobre la necesidad de retomar una política cultural conjunta tendiente a disputar la hegemonía con el proyecto cultural neoliberal, reimplantando al humanismo como dimensión troncal, a la felicidad del Pueblo como objetivo estratégico, y a la Comunidad Organizada como sistema ontológico para construir en el mediano y largo plazo.

Se trata del desafío de construir el derecho cultural a lo que Enrique Dussel ha definido como “transmodernidad”: una alternativa respetuosa de nuestras identidades a la forma en la que Occidente nos impone vivir la postmodernidad. Salir de la “subordinación cultural” para construir la “soberanía cultural”: la capacidad del Pueblo de darse sus propios símbolos y trabajarlos autónomamente, como el fueguito que calienta desde abajo.

Nada de esto puede encararse consumiendo los símbolos del enemigo, ni insistiendo en operar en la distribución de la rica producción simbólica de la cultura y las artes nacionales sobre las reglas que dicta el mercado a través de la industria cultural. La construcción de una épica transformadora requiere de una estética revulsiva, que logre que la injusticia patee el estómago de cualquier argentino, y no solo de aquellos esclarecidos en procesos de formación cívica / política. El primer paso, parafraseando a Rodolfo Kusch, es perder el miedo a ser nosotros mismos.

Link al artículo: http://iniciativasur.org/sobre-la-subordinacion-cultural/

Link al texto de Arturo Jauretche: http://www.edena.mindef.gov.ar/docs/modulo5_jauretche.pdf